El discernimiento comunitario ignaciano

¿Por qué discernir juntos?

⛪Convertirnos en una Iglesia sinodal

El Señor mismo constituyó el núcleo de la comunidad eclesial a la que dio su Espíritu para continuar su misión, llevando la Buena Nueva de la reconciliación de todas las cosas en él a todos los rincones de la vida humana.

La Iglesia que nace para anunciar el Evangelio es la comunidad de los que siguen a Jesús y disciernen juntos los pasos a dar en el camino que el Espíritu Santo ilumina.

La sinodalidad, como dimensión constitutiva de la vida eclesial, solo es real si es el Señor quien traza la ruta y el Espíritu Santo quien señala el camino.

Caminar juntos como Iglesia, como Pueblo de Dios, soñado por el Concilio Vaticano II.

🕊️El discernimiento es central en el carisma ignaciano

La Congregación General 36ª confirma que el discernimiento en común es inherente al modo de proceder de la Compañía de Jesús. La imagen de los primeros compañeros en Venecia (1537) subraya la capacidad que han adquirido de deliberar en común, a la luz del Espíritu Santo, a pesar de ser un grupo culturalmente tan variado; sin embargo, todos tienen una vida espiritual activa, caracterizada por haberse enamorado de Cristo en los Ejercicios Espirituales, por el servicio a los pobres y por la disponibilidad para ser enviados por la Iglesia allí donde hubiese mayor necesidad. 

❓Cuándo Discernir en común

La convicción de que Dios actúa en la historia y se comunica con los seres humanos es el supuesto en el que se basan los esfuerzos de discernir en común. Para ello se deben buscar las condiciones que permiten escuchar al Espíritu Santo para dejarse guiar por Él en la vida-misión. Tal disposición personal y grupal de acoger y seguir al Espíritu que se comunica, evita los falsos discernimientos en común que sólo buscan revestir de lenguaje ignacianamente correcto decisiones tomadas previamente con criterios del propio grupo.

9 Propiedades del discernimiento en común

1️⃣Escoger bien la materia

No toda decisión requiere un discernimiento en común. El discernimiento en común es para buscar y hallar la voluntad de Dios en asuntos importantes en los cuales no está totalmente claro qué hacer, cómo hacerlo, qué es mejor o cómo hacerlo de la mejor forma posible. Por consiguiente, es crucial saber escoger el asunto o los asuntos que requieren una elección a través de un discernimiento en común. Al mismo tiempo, se debe contar con la información completa, de calidad y al alcance de todos sobre la materia a tratar. El buen discernimiento depende del conocimiento preciso de la materia sobre la cual se quiere hacer elección y de cuál es el resultado esperado de un camino tan exigente y complejo. De este modo se evita la banalización de llamar “discernimiento” a cualquier modo de justificar decisiones pequeñas o grandes.

2️⃣Saber quiénes y por qué participan

Es necesario establecer con claridad quiénes participan en el proceso de discernimiento, por qué y en qué condición lo hacen. La materia sobre la que se hace la elección determinará a quiénes se invita a participar en ella. Esto quiere decir que cada participante debe saber con exactitud y aceptar libremente por qué forma parte del grupo que discierne y en qué condición lo hace. Dependiendo del grupo, la materia y otras condiciones en las que se realiza el discernimiento, puede ser conveniente y prudente invitar a otras personas en calidad de acompañantes del proceso o expertos en los asuntos a tratar.

3️⃣Libertad interior

O indiferencia ignaciana, es una condición sin la cual no es posible hacer una buena elección. Quienes participan en el discernimiento deben cultivar su libertad interior, es decir, su desapego a lo propio para asumir lo que es el bien mayor en la perspectiva del Evangelio. La indiferencia es fruto de la auténtica vida espiritual en la que vida y misión son inseparables, como lo resalta el enfoque hecho por la Congregación General 36ª. Para quienes comparten la misión pero no la fe cristiana, también es posible y necesario adquirir esa libertad interior que supone salir de su propio amor, querer e interés. Tal libertad interior es una posibilidad humana de crecer como personas en relación gratuita con los demás, buscando el bien mayor de todos, aunque ello traiga como consecuencia renuncias o sacrificios personales.

4️⃣Unión de ánimos

El discernimiento en común requiere la existencia de lo que Ignacio de Loyola llama la unión de ánimos del grupo que discierne porque se propone libremente hacer una elección según la voluntad de Dios. Esta unión de los ánimos nace de un propósito compartido por todos los que participan en el grupo porque a todos y cada uno lo que está en juego en el discernimiento les afecta directamente. Por eso, se necesita un buen conocimiento mutuo que haga nacer la confianza de unos en otros y motive la participación activa de cada uno.

5️⃣Conocimiento de cómo se discierne

Ignacio en los Ejercicios presenta tres tiempos para una sana y buena elección. En el primer tiempo, no queda duda sobre cuál es la voluntad de Dios; el discernimiento en común puede hacerse tomando conciencia de las mociones espirituales y su confirmación, según el segundo tiempo, o razonando y eligiendo según se plantea en el tercer tiempo.

Para un grupo de personas con experiencia en la discreción de espíritus es posible recurrir al discernimiento en común como proceso durante el cual es necesario percibir y calificar las mociones que los espíritus provocan en el grupo en su búsqueda de la voluntad de Dios. La capacidad del grupo de realizar tal discreción de espíritus es entonces una condición para poder recurrir al segundo tiempo de elección. A través de la discreción de espíritus es posible tomar conciencia del rumbo que tomaría la vida del grupo si sigue este o aquel movimiento de espíritu para seguir las mociones del buen espíritu. En el lenguaje ignaciano las mociones más relevantes para el discernimiento se llaman consolación y desolación. «Porque así como en la consolación nos guía y aconseja más el buen espíritu así en la desolación el malo, con cuyos consejos no podemos tomar camino para acertar».

6️⃣Poner en común la oración

Es otro requisito para un buen discernimiento. El grupo que se propone discernir en común debe encontrar los modos y los espacios de orar personalmente y en común de acuerdo a sus propias características. La oración personal y la oración en común mantienen la sana tensión entre el cielo y la tierra, buscando el magis que se deriva de nuestra relación con Dios y con su Palabra. Nos ayuda a tener presente que como cuerpo somos servidores de la missio Dei. La Eucaristía es el modo privilegiado de la oración en común. Puede, entonces, tener un significado especial y un puesto central en los procesos de discernimiento en común. Una comunidad o un grupo capaz de celebrar la Eucaristía como fuente de vida en el Espíritu crece en su capacidad de percibir la acción del Espíritu en la historia y de sentir cómo el Señor cumple su palabra de estar con nosotros todos los días hasta el fin de la historia.

7️⃣La conversación espiritual

El discernimiento en común incluye un espacio de tiempo dedicado a compartir el fruto de la oración o de la reflexión personal. Momento para la presentación ante los demás, con sencillez, sin tonos oratorios, de lo que se ha percibido como movimientos del Espíritu o de la ponderación personal del punto en cuestión. Por otra parte, la disposición de “escuchar al otro”, respetuosamente, sin contradecir las mociones espirituales que él ha captado en su interior, puede producir un eco espiritual o nuevas mociones espirituales en quien lo escucha, dando ocasión a una nueva percepción de las cosas. La costumbre de conversar espiritualmente, el hábito de escuchar con atención a otros y saber comunicar la propia experiencia e ideas con sencillez y claridad ayudan al buen discernimiento en común cuando la materia aconseja llegar a él.

8️⃣La práctica sistemática del examen

El examen nos ayuda a percibir la verdadera naturaleza de las mociones y ayuda a confirmar si se va por el buen camino. Es necesario combinar el examen personal de cada participante con el examen de lo que sucede en el grupo. Aprender a examinar los movimientos grupales es lo que permite tomar el pulso del proceso o confirmarlo para saber si se ha de seguir adelante, y cómo, guiados por el Espíritu. El registro constante de los movimientos del grupo reflejados en el examen es un instrumento que ayuda a mantener la memoria del proceso. Así como aprendemos a percibir nuestros movimientos interiores, el discernimiento en común nos exige desarrollar la capacidad de percibir e interpretar los movimientos espirituales del grupo que está a la escucha del Espíritu para hallar la voluntad de Dios.

9️⃣Establecer cómo se toma la decisión final del proceso de discernimiento en común

Quienes participan en él deben saber y estar de acuerdo desde el comienzo en la manera como se llegará a la decisión final. Por ejemplo, es claro para nosotros que la Congregación General de la Compañía de Jesús toma sus decisiones por mayoría de votos, salvo cuando la Formula prescribe otra cosa. En un discernimiento de una comunidad religiosa de jesuitas, se sabe que la decisión final está en manos del Superior Local y las decisiones de una Provincia o Región corresponden a su Superior Mayor. Las obras e instituciones apostólicas se rigen por sus propios estatutos y normas que determinan quién y cómo se toman las decisiones que afectan al conjunto.

El facilitador ignaciano

💁🏻‍♀️¿Por qué contar con un facilitador?

El buen discernimiento comunitario es tanto un arte como una disciplina. Aunque los grupos pueden discernir por sí mismos, un facilitador experto puede marcar una diferencia significativa al dirigir el proceso, crear un espacio para que el Espíritu actúe y prestar atención a los movimientos que surgen.

Considere la posibilidad de contar con un facilitador cuando:

  • El asunto es complejo, polémico o de gran importancia.
  • El grupo sea nuevo en el discernimiento o esté experimentando conflictos.
  • La persona encargada de tomar la decisión quiere participar plenamente sin gestionar el proceso.

📋Perfil de un facilitador ignaciano

Un facilitador ignaciano es alguien profundamente formado en la espiritualidad ignaciana que puede reconocer la consolación y la desolación, distinguir la conversación espiritual de la discusión y mantener un espacio para el encuentro del grupo con Dios. No es necesario que sea jesuita, pero debe estar impregnado de los Ejercicios y del modo ignaciano de proceder.
Cualidades esenciales:

  • Profundo conocimiento de la tradición ignaciana y sus herramientas, especialmente las Reglas para el discernimiento, el examen y la práctica de la conversación espiritual.
  • Capacidad para escuchar profundamente, tanto las palabras como lo que hay detrás de ellas.
  • Humildad suficiente para servir sin controlar.
  • Capacidad para diseñar procesos adecuados y formular preguntas abiertas.
  • Capacidad para distinguir el discernimiento auténtico del «falso discernimiento», que no es más que revestir con lenguaje espiritual decisiones ya tomadas.

Errores comunes

👣La falta de claridad sobre el proceso

Una de las formas más comunes en que el discernimiento falla es cuando los participantes no entienden lo que están haciendo o por qué. Si las personas no tienen claro el asunto que se está discerniendo, su papel en el proceso o cómo se tomará la decisión final, se produce confusión y frustración. Algunos pueden pensar que están votando, otros que son meros consultores y otros que están participando en una conversación espiritual. Esta ambigüedad genera desconfianza y puede dar lugar a la sensación de que el proceso está siendo manipulado. Desde el principio, todos deben saber: ¿Qué estamos discerniendo? ¿Quién decide? ¿Cómo procederemos? ¿Qué se espera de mí?

🙏Omitir la oración

Sin la oración, lo que parece discernimiento se convierte en mera planificación o resolución de problemas revestida de lenguaje espiritual. La oración, tanto personal como comunitaria, es lo que nos abre a escuchar al Espíritu en lugar de solo nuestras propias preferencias y ansiedades. Cuando los grupos se precipitan a debatir sin crear un espacio para el silencio, para escuchar las Escrituras, para presentar el asunto ante Dios, pierden el acceso a la sabiduría más profunda que busca el discernimiento. El examen también se suele omitir cuando hay poco tiempo, pero es precisamente esta práctica la que nos ayuda a percibir los movimientos de consolación y desolación que guían el discernimiento auténtico. Sin la oración, solo estamos teniendo una reunión.

💬El mal uso de la conversación espiritual

La conversación espiritual no es lo mismo que un debate, una discusión o incluso un diálogo en el sentido habitual. Es una práctica distintiva que consiste en compartir lo que hemos observado en la oración y escuchar con receptividad lo que otros han experimentado, sin discutir ni resolver problemas de inmediato. El peligro surge cuando los grupos piensan que están teniendo una conversación espiritual, pero en realidad están participando en un discurso persuasivo, defendiendo posiciones o formando alianzas. La verdadera conversación espiritual requiere vulnerabilidad —nombrar nuestros movimientos con honestidad— y humildad —recibir la experiencia de los demás sin contradecirles—. Cuando esto se confunde con la defensa o la negociación, el grupo pierde su centro contemplativo y los movimientos del Espíritu se ven ahogados por voces más fuertes.

🎤Mala comunicación

El discernimiento incorrecto se produce en un grupo de personas reales con diferentes estilos de comunicación, antecedentes culturales y niveles de comodidad a la hora de expresarse. Cuando los facilitadores o líderes no logran crear las condiciones para que todos puedan participar —cuando no se gestiona con delicadeza a las voces dominantes, cuando no se invita específicamente a los miembros más callados a compartir, cuando la jerga o el lenguaje interno excluye a algunos participantes—, el discernimiento se vuelve, en el mejor de los casos, parcial. Una comunicación deficiente también significa no explicar lo que está sucediendo en cada etapa, no nombrar los movimientos que se observan o dejar a las personas sin claridad sobre lo que se decidió y por qué. Un buen discernimiento requiere una comunicación intencional, inclusiva y transparente en cada paso.

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